
Reanudamos en el 2008 nuestra entrevistas con Francesc Giró, biólogo y director de Acciónatura. Lleva muchos años trabajando para la conservación de la biodiversidad y el patrimonio natural, y ha sido uno de los defensores de relacionar la lucha contra el cambio climático con la mejora de la gestión ambiental.
¿Qué papel juegan los bosques en la lucha contra el cambio climático?
Desde el primer momento en que se debate sobre el cambio climático, se hace referencia al rol de los bosques. Cuando el Protocolo de Kyoto considera los CDM (Mecanismos de Desarrollo Limpio), se plantea el rol que pueden jugar las plantaciones de árboles en la captación y almacenaje de dióxido de carbono atmosférico. Esta posibilidad cuenta rápidamente con defensores y detractores, incluso dentro del propio sector de las organizaciones ambientalistas.
¿Qué razones alegan para oponerse?
El argumento utilizado por los detractores es que si bien es cierto que los árboles captan CO2, la captación lleva mucho tiempo puesto que se habla de proyectos a 20, 30 o 40 años vista y difícilmente se puede garantizar en todas partes que esos árboles van a seguir allí. El cambio a energías renovables en procesos que utilizan combustibles fósiles es inmediato. Se deja de emitir CO2 en muy poco tiempo. También se desconfía de la picaresca, de la posibilidad de que se destruyan paisajes naturales o incluso bosques nativos de gran valor para luego llevar a cabo las plantaciones. Del mismo modo, ha habido experiencias muy criticadas de proyectos voluntarios de compensación de emisiones que han utilizado especies de árboles exóticas, con las consecuencias que ello conlleva para la biodiversidad local.
¿Es tan grave el problema de la pérdida de masas forestales?
En los últimos años se ha confirmado que la deforestación de las selvas tropicales podría estar contribuyendo hasta en un 20% del total de emisiones de CO2. En la última cumbre de Bali se ha iniciado un camino esperanzador que permitiría frenar la deforestación en los trópicos gracias a un fondo creado por los países más desarrollados. La pérdida de las selvas tropicales es sin duda alguna la mayor catástrofe ambiental que ha afectado al planeta desde que la especie humana empezó a modificar los paisajes.
¿Qué función e importancia para el medio ambiente atribuyes a los bosques tropicales?
Tienen un contenido elevadísimo de carbono almacenado, pero además cumplen funciones importantísimas, como son el suministro de agua de calidad, un bien cada vez más escaso, incluso en el trópico, la protección frente a desastres naturales y uno de los más importantes: son el principal reservorio de biodiversidad del planeta. Desde finales de los años 90 se llevan a cabo proyectos experimentales de sumideros de carbono en América Latina, que consisten en la conservación de los bosques primarios y la consiguiente compensación a gobiernos y comunidades locales. Algunos de estos primeros proyectos se desarrollan impulsados por ONG norteamericanas con socios locales y la financiación de grandes empresas del sector energético o del motor. Acciónatura, mediante la iniciativa CeroCO2, está impulsando uno de estos proyectos en Brasil y participa en otro promovido por Conservation International en Madagascar.
Hablas de bosques tropicales, ¿cuál es la situación en España?
España es un país con una masa forestal muy importante y que en algunas comunidades autónomas llega a superar el 50% de su superficie. El gobierno y distintos sectores piden que se reconozca el rol de los bosques españoles como reservorio de carbono. También se ha hablado de la posibilidad de llevar a cabo reforestaciones con el objetivo de captar más CO2. Es cierto que las plantaciones tienen capacidad de captación de CO2, pero también es cierto que en la mayor parte de nuestro país, esta capacidad es muy limitada.
¿Por qué es tan limitada esa capacidad de captar CO2?
Únicamente en las zonas de clima atlántico, con una pluviosidad elevada y temperaturas suaves, se dan crecimientos importantes. En el resto, en la España mediterránea y continental, el bosque crece muy despacio. En períodos de sequía el bosque mediterráneo es incluso emisor de CO2.
¿Qué podemos hacer entonces?
Si realmente queremos que nuestros bosques contribuyan a una lucha efectiva contra el cambio climático, nuestro mayor esfuerzo debería centrarse en conservar los bosques que ya tenemos y evitar que se quemen, evitar que la mayor parte del CO2 almacenado durante décadas, se convierta en humo en unas horas, en unos días. En gran parte de nuestro país, no hacen falta más árboles, hace falta una gestión de los bosques jóvenes que se han ido extendiendo de manera natural en los últimos 50 años debido al abandono del campo, el abandono de los aprovechamientos de leña o madera y a la desaparición de la ganadería extensiva en muchas comarcas. Estos bosques son ahora excesivamente densos, con mucha biomasa seca, con una baja diversidad florística y de la fauna y un elevadísimo riesgo de incendios catastróficos.
¿No basta con plantar un árbol?
Todos percibimos el acto de plantar un árbol como algo verdaderamente positivo y si además contribuye a captar CO2, pues mucho mejor. En los últimos años, particulares, administraciones y también cada vez un mayor número de empresas se animan a plantar árboles de manera voluntaria, o en colaboración con ONG u otras organizaciones. Eso es muy positivo y hay que celebrarlo, pero quienes conocen a nuestros bosques saben que ahora la prioridad debería ser otra: invirtamos en gestión, en mejorar la estructura de los bosques para que puedan resistir mejor la difíciles condiciones de sequías y alteraciones vinculadas al cambio climático, que ya estamos viviendo. Cuidemos lo que tenemos, que además nos proporciona agua, paisaje y biodiversidad.